Hydra: la isla griega sin coches que enamoró a Leonard Cohen

|Belén de Juan
isla hydra

A menos de dos horas en ferry desde Atenas hay una isla donde no circula ni un solo coche, ni una moto, ni una bicicleta. El único vehículo con motor permitido es el camión de la basura. El resto del transporte —de la maleta al vino, de la compra al equipaje de un hotel— se hace a pie, en burro o en taxi acuático. Esa única norma, más que cualquier playa o cualquier puesta de sol, es lo que convierte a Hydra en un destino distinto a cualquier otra isla griega cercana a la capital.

No hace falta quedarse una semana para entenderla. Hydra funciona igual de bien como excursión de un día que como escapada de fin de semana, y esta guía está pensada para las dos cosas: cómo llegar, qué hacer, dónde comer y dormir, y cómo organizar el tiempo si decides quedarte a dormir.


Cómo llegar a Hydra

Hydra no tiene aeropuerto ni conexión en coche: se llega en ferry desde el puerto de El Pireo, en Atenas, con salidas varias veces al día durante todo el año (con más frecuencia en temporada alta). El trayecto dura entre 1 hora 10 minutos en los ferris rápidos y hasta 2 horas en los barcos convencionales, y los billetes rondan entre 30 y 50 euros por trayecto, según la compañía y la temporada. Conviene reservar con antelación en los meses de verano, cuando la demanda sube considerablemente.

Un matiz importante: en esta ruta no se transportan coches. Los ferris hacia Hydra son exclusivamente de pasajeros, algo lógico teniendo en cuenta que, una vez en la isla, el coche no sirve para nada.

Para llegar al puerto de El Pireo desde el centro de Atenas, el metro es la opción más práctica —unos 20 minutos de trayecto— aunque también hay autobuses y taxis; desde el aeropuerto de Atenas, un taxi hasta El Pireo tarda alrededor de 45 minutos.

Qué hace diferente a Hydra

La prohibición de vehículos motorizados no es una pose turística: es una ley que protege tanto el trazado urbano —calles estrechas, empedradas, pensadas para personas y animales de carga, no para tráfico rodado— como el paisaje de la isla, que además está protegido frente a la expansión urbanística. El resultado es un pueblo principal organizado alrededor de un puerto en forma de herradura, flanqueado por mansiones señoriales del siglo XVIII construidas por los armadores que enriquecieron la isla durante el auge naval griego.

El transporte de mercancías y equipajes se sigue haciendo, literalmente, en burro: es habitual ver hileras de burros y mulas esperando en el puerto a la llegada de cada ferry, listos para cargar maletas hasta los hoteles del centro. Para trayectos más largos por la costa, la alternativa es el taxi acuático, que conecta el pueblo principal con las playas y calas más alejadas.

Una isla con memoria de artistas

Hydra no es solo bonita: durante las décadas de 1950 y 1960 se convirtió en refugio de una comunidad internacional de escritores, pintores y músicos, atraídos por la luz, el precio de vida y la libertad de un lugar sin las convenciones de la gran ciudad. El pintor griego Nikos Hadjikyriakos-Ghika fue una de las primeras figuras en instalarse allí; poco después llegaron los escritores australianos Charmian Clift y George Johnston, y en 1960 un joven y entonces desconocido Leonard Cohen, que compró una casa en la parte alta del pueblo y vivió en la isla, con idas y venidas, durante buena parte de esa década.

Esa historia sigue muy presente. La taberna Xeri Elia —conocida por todos como Douskos, el apellido de la familia que la regenta desde 1825— es el lugar donde existen las fotografías más conocidas de Cohen tocando la guitarra bajo un árbol junto a otros expatriados; sigue abierta, sigue siendo de la misma familia, y sigue sirviendo la misma cocina griega tradicional. Caminar desde el puerto hasta Kamini pasando por delante de la que fue su casa —hoy con una calle que lleva su nombre— es, para quien conozca su música, uno de los paseos con más carga simbólica de la isla.

Qué hacer y qué ver

Hydra se recorre bien a pie en un par de días, sin necesidad de plan cerrado:

  • El puerto y el casco histórico: el propio puerto, con sus mansiones de capitanes convertidas hoy en museos, tiendas y hoteles, es en sí mismo la principal atracción de la isla. Conviene perderse por las callejuelas que suben desde el muelle sin más objetivo que mirar.
  • La Mansión Histórica de Lazaros Kountouriotis: una de las casas de armadores del siglo XVIII, hoy convertida en museo, que permite entender cómo vivía la aristocracia naval que construyó la Hydra actual.
  • Kamini: un pequeño pueblo de pescadores a unos 15-20 minutos a pie del puerto, mucho más tranquilo, con tabernas frente al mar y el banco dedicado a Leonard Cohen de camino.
  • Vlychos: todavía más al oeste (unos 35-40 minutos a pie desde el puerto, o un trayecto corto en taxi acuático), con una pequeña playa de guijarros y un puñado de casas de huéspedes.
  • Spilia: más que una playa, un punto de baño entre rocas con aguas muy transparentes, a poca distancia a pie del pueblo; era, según las crónicas de la época, uno de los lugares donde se bañaba Cohen.
  • Mandraki: la playa más accesible desde el puerto, con arena en lugar de guijarros, buena opción si viajas con niños.

Dónde dormir

La oferta de alojamiento en Hydra es pequeña —la propia isla limita el crecimiento urbanístico— y eso hace que reservar con antelación sea casi obligatorio en temporada alta.

  • Bratsera Boutique Hotel: instalado en una antigua fábrica de esponjas de 1860, es probablemente el alojamiento con más personalidad del pueblo: patio interior con piscina y jardín, restaurante propio en un molino de agua restaurado, y una decoración que respeta la arquitectura original del edificio.
  • Orloff Boutique Hotel: una mansión tradicional reconvertida en hotel pequeño, con un enfoque más íntimo, habitual en las listas de mejores boutique de la isla.
  • Hydroussa Hotel: la opción de referencia para quien busque un perfil más de lujo dentro de la escala reducida de Hydra.
  • Bellevalia (antes Four Seasons Hydra): situado junto a Plakes Vlychos, frente a una de las playas de arena más largas de la isla, con vistas al continente.

Vale la pena tener en cuenta que, al no haber coches, el traslado del equipaje desde el puerto hasta el hotel se hace en burro o a pie; conviene avisar al alojamiento con antelación si las maletas son pesadas o si el hotel está en una zona con muchas escaleras, algo muy habitual en el trazado de la isla.

Dónde comer

  • Xeri Elia (Douskos): la taberna más antigua de la isla, con más de 200 años de historia y música en vivo de bouzouki; el lugar imprescindible si te interesa la historia de Cohen en Hydra, pero también, simplemente, una buena dirección de cocina griega tradicional.
  • Omilos: antiguo local conocido como Lagoudera, frecuentado en su día por los Beatles y las familias Kennedy y Onassis además de por el propio Cohen; hoy sigue siendo una de las direcciones con mejores vistas al atardecer.
  • Téchnē: instalado en una antigua fábrica de barcos de la década de 1870, cerca de la playa de Avlaki; buena opción para una copa al atardecer con su carta de cócteles, entre los que hay uno dedicado a Cohen.
  • Tabernas de Kamini: si prefieres alejarte del bullicio del puerto, el paseo hasta Kamini incluye varias tabernas sencillas frente al mar, buena opción para un almuerzo tranquilo de pescado.

Cuándo ir

Hydra funciona todo el año, pero mayo, junio y la segunda mitad de septiembre son los meses en los que mejor se combina el buen tiempo con una afluencia de visitantes más manejable. Julio y agosto, especialmente los fines de semana, concentran tanto turismo internacional como atenienses que escapan de la capital, lo que se nota en el precio del alojamiento y en la disponibilidad de mesa en los restaurantes con más nombre.

Itinerario: un día frente a un fin de semana

Si vas solo un día, lo más práctico es coger el primer ferry de la mañana desde El Pireo, dedicar la mañana a pasear por el puerto y visitar la Mansión Kountouriotis, comer en el propio pueblo o caminar hasta Kamini, y reservar la tarde para un baño en Spilia o Vlychos antes de coger uno de los últimos ferris de vuelta.

Si te quedas a dormir, el segundo día permite un ritmo mucho más pausado: dedicar la mañana a callejear sin rumbo fijo, comer en Kamini o Vlychos, y reservar la tarde-noche para cenar en Xeri Elia o ver la puesta de sol desde Omilos o Téchnē, algo que con la excursión de un día es casi imposible encajar bien.

Consejos prácticos

  • Lleva calzado cómodo. Las calles son de piedra y hay muchas cuestas y escalones; el equipaje con ruedas no funciona bien en Hydra.
  • Lleva algo de efectivo. Aunque las tarjetas se aceptan cada vez más, algunas tabernas más pequeñas y los burros del puerto todavía funcionan mejor con efectivo.
  • Reserva alojamiento y ferry con antelación en temporada alta. La oferta hotelera es limitada por ley y se agota rápido en verano y fines de semana largos.
  • No cuentes con el coche en ningún momento del viaje, ni siquiera para desplazarte desde el puerto hasta un hotel algo alejado: o caminas, o vas en burro, o coges un taxi acuático.

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